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21 oct 2015

Lo que nos guardamos


Aquella mañana, al día siguiente de volver de viaje, hablaba con mi padre, mientras revisábamos nuestras respectivas tarjetas de memoria, cargadas de recuerdos. Me contaba, con cierta expresión de asombro, que no lograba entender por qué parece que, en estos tiempos que corren, nos invade la necesidad de mostrar todos los momentos que capturamos, sin excepción. Que él prefiere disfrutar del instante mirando a través del visor, de cada click, y después, sentarse a ver el resultado y disfrutar sin esa necesidad de compartirlo.

Con unas pocas palabras, me hizo reflexionar sobre todo lo que enseñamos y cómo dejamos ver esas memorias que tiempo atrás habríamos atesorado en papel. Guardadas en alguna vieja caja de lata, habrían sido disfrutadas después de una comida en família, en una tarde de domingo, entre algunos dulces y el aroma de café recién molido esparciéndose por toda la casa. De pronto, empecé a pensar en el proyecto Nostalgia, en lo compartido y en todo lo que me he guardado, también. Me di cuenta que, en cierto modo, lo que he hecho está a medio camino entre su idea de la intimidad, eso que uno desea conservar para sí mismo, y un ejercicio de sacar afuera el dolor. Hay mucho de mí en ese libro que, si todo va bien, en unas semanas verá la luz, y al mismo tiempo, es sólo una ínfima parte de lo que contiene, en realidad, ese cuaderno, este año, toda la historia que hay detrás. Dejo salir lo que siento que el alma me pedía compartir y, a su vez, también guardo mucho dentro. Con certeza, pero no sin miedo, siento que es tal y como debía ser...



© Fotografía: Grafitogris


24 sept 2015

Cuaderno de nostalgia


"Write hard and clear about what hurts"

 Ernest Hemingway
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Hay frases que consiguen tocarnos por dentro, hacer que nuestro mundo se pare por un momento y nos demos cuenta de aquello que no habíamos sabido ver hasta entonces. Para mí, en estos últimos meses, ésta ha sido una de ellas. Al leerla por primera vez, por puro azar, lo vi claro. Aquello que llevaba tantos meses planeando mentalmente pero con miedo, y a lo que mamá me alentaba con tanta insistencia como cariño, tenía que tomar forma de algún modo, tarde o temprano. A veces las palabras significan tanto que nos llevan a algo que jamás habríamos imaginado y eso es lo que, entre hojas y libros, llevo meses hilando.

Hace alrededor de un año, mi vida cambió. Un hecho de aquellos que nunca esperas me sumergió en un caos de sentimientos que aún trato de ordenar y provocó un gran punto de inflexión. Eso mismo, me ha colocado en un estado de transición que me ha llevado a redescubrirme, a rehacerme de nuevo en los lugares rotos y a conocerme más. Cada vez estoy más segura de que todo es cíclico, que de algún modo todo pasa por alguna razón, que siempre hay una oportunidad para volver empezar. Los cambios vividos en el vaivén de estos últimos meses me han roto por dentro y al mismo tiempo, me han hecho saberme más fuerte de lo que nunca pensé que podía ser. Quizá, cada final sea también un nuevo comienzo...

Después de escribir en mi cuaderno durante meses, sentí que necesitaba ponerlo todo en orden, gritarlo al mundo, dejarlo salir dando forma a lo que espero que pronto se convierta en un pequeño libro, una historia sobre finales y comienzos, una publicación personal, llena de luces y sombras. El pasado domingo, después de semanas hablando sobre ello, con la ilusión de estar dando uno de los últimos pasos y con muchos nervios, me encontré con Cris Romagosa en su mágico refugio. Desde el principio, supe que sólo podía ser ella quién hiciese las fotografías que acompañaran a las reflexiones que he ido escribiendo durante este último año. En unos meses, si todo va bien, aquello a lo que mamá tanto me animaba, será una realidad. 


© Fotografía: Grafitogris



18 sept 2015


Días atrás os hablaba sobre esas lecciones que aprendí durante mi corta pero intensa estancia en la Garrotxa con Cristina, mientras realizábamos las fotografías de una pequeña segunda colección que ha ido tomando forma este verano. Fueron días llenos de aventuras, anécdotas e imprevistos, pero aún me guardaba una de las historias más especiales por contar... En nuestro segundo día juntas, de buena mañana, decidimos perdernos por los caminos y carreteras de la zona en busca de una localización que se ajustara a lo que andábamos buscando. No teníamos nada planificado, salíamos a la aventura y sin saber cómo, llegamos a La Pinya. Recordamos que cerca había una casa de turismo rural con mucho encanto. De hecho, Cristina la había visitado unos meses antes, acompañada de una amiga, y me había hablado de ella, de lo bonitos que eran sus rincones y del juego que intuía que podrían dar tras el objetivo. Y así, nos dejamos llevar y nos presentamos allí de forma improvisada; pensando que tal vez nos dejarían hacer alguna fotografía...

Con tono familiar y una sonrisa amable, nos abrieron las puertas y nos invitaron a pasar para tomar todas las fotografías que necesitáramos. Nos sentíamos tan agusto, tan a nuestro aire que, sin darnos cuenta, se hicieron las tres de la tarde y aún seguíamos allí. Sin apenas preguntar y no aceptando un 'no' por respuesta, nos sorprendieron invitándonos a comer, a unirnos a la mesa con el resto de la família. Aún seguimos sorprendidas por tanta generosidad y confianza, quizá porque estas cosas en las grandes ciudades no pasan. Fue una lección de hospitalidad, una anécdota más para recordar, una de las cosas que hacen más especial, si cabe, esa serie de fotografías que realizamos juntas por primera vez.  ― Gràcies per tot, Inés. 



Casa Rural Mas Garganta
(Crta. d'Olot a la Pinya, 17179 La Pinya, Girona)



13 sept 2015

Lecciones y aventuras


El verano no podría haber acabado de una forma más inesperada, más especial.

Estos días, con nubes y lluvias acompañando al otro lado de la ventana, empiezo a sentir de verdad la llegada de septiembre. La vuelta a las rutinas y también los nuevos comienzos; la necesidad de poner orden y planificar lo que vendrá. Me siento a pensar en los dos proyectos que llevan tantos meses tomando forma y sonrío por dentro. Recuerdo esos tres días, haciendo realidad uno ellos, y siento que aún quedan muchas emociones por ordenar antes de poder ponerles palabras. Pero aún así lo intento, porque no quiero olvidar nada de lo que ahora mismo siento. A la vuelta de nuestros días en familia descubriendo Lisboa, encontré el momento que tanto había esperado para reunirme con Cristina, quién el azar ha puesto en mi camino y como ya os contaba días atrás, se ha convertido en mucho más que alguien con quien colaborar... 

Intento recordar cómo empezó todo ésto, pero siento que una serie de casualidades y algo de suerte nos han llevado a encontrarnos y encajar de forma natural. La semana pasada viajé, con tantas ganas como nervios, hasta un pequeño pueblo de la bella Garrotxa, cargada con las piezas de una "segunda colección" en la que he estado trabajando este verano. Allí me esperaba ella, con los brazos abiertos y una gran sonrisa. Llegar a una casa por primera vez y que te reciban con una habitación recién preparada, con sábanas blancas y una manta a los pies de la cama. Que te preparen una infusión de tomillo recién cortado antes de acostarte y la acompañen de miel y limón porque tienes la garganta irritada después de un viaje y algo de frío. Que alguien se ofrezca a acompañarte en tus proyectos y se emocione con ellos hasta sentirlos propios. Que, por si fuera poco, te abra las puertas de su hogar y te haga sentir como en casa. Que dos personas a las que admiras, aunque ellas apenas te conozcan, se presten a colaborar contigo después de un mensaje enviado bien entrada la tarde y que al día siguiente, te abran las puertas de su casa y te esperen con una mesa llena de pastas y una sonrisa sincera. Eso son lecciones de vida, de generosidad y hospitalidad. Personas con luz, esas cosas que te llenan de una sensación de agradecimiento, y de estar en deuda, difícil de explicar.


Esos tres días estuvieron llenos de momentos de complicidad, de dudas y temores compartidos, de sonrisas y confesiones. De pruebas para elegir los estilismos de las fotografías, en el salón de una casa de campo, a las doce de la noche, para hacer la sesión justo al día siguiente. De conocernos un poco más entre desayunos acompañados con té, mermeladas y pan tostado. De casas rurales y comidas con familias tan generosas que bien merecen una historia aparte. De improvisar, perdernos con el coche y llegar hasta rincones inesperados que resultaron ser justo las localizaciones que habíamos imaginado. De dejarnos llevar, hablar sobre fotografía durante horas, darnos cuenta de cuánto tenemos en común a pesar de todo lo que nos diferencia. De magia que surgía sin buscarla, entre risas y silencios, entre árboles, caminos y flores, a orillas del río.

Así fue como Cristina me ayudó a dar forma a las fotografías de una segunda colección que pronto verá la luz, un año después, como continuación de la primera, con más ganas de luz y aire fresco que nunca...



22 ago 2015

Brisa de verano


No nos daremos cuenta y ya habrá pasado otro verano.

Hace alrededor de un año, decidí que necesitaba hacer un parón, poner un punto y aparte, repensar este proyecto y ver hacia dónde quería ir. "Volver a empezar para poder seguir", me repetía. Necesitaba tiempo para estar bien, para ordenar todas las ideas que se agolpaban en mi mente, pensar qué significaba para mí todo ésto y adónde quería llegar. Este ha sido, desde los inicios, un proyecto sin grandes pretensiones, que crece a fuego lento y mantengo en pequeño, bajo control para poder abarcarlo, sin que crezca demasiado. Sólo así puedo seguir creando con calma, sin prisas, como siempre, compaginándolo con todo lo demás, aunque eso implique negarse a hacerse grande y así, rechazar propuestas que suenan realmente bien. Pero de ahora en adelante, aún con más razón, con el último año de carrera a punto de empezar, deberá seguir así. Hace alrededor de un año, también, decidí desprenderme de todo lo que no me sentía bien haciendo, de aquello que no me encajaba y abrir las puertas a todo eso que me apetecía probar, eso que el corazón me pedía. Y así fue como aprendí, durante unas cuantas semanas de verano, a coser a máquina desde cero...


De eso hace ya un año. Hoy, me encuentro con una segunda pequeña colección entre manos, casi preparada para poder realizar las fotografías que me servirán para presentarla de aquí a un par de meses, a falta de algunos detalles por pulir, imprevistos por solucionar y otras cosas por acabar de hilar. Hoy, recuerdo cuando A forest of nostalgia vio la luz el pasado invierno. Recuerdo que mi mayor miedo era saber si aquello que estaba a punto de presentar, conseguiría mantener el mismo hilo de siempre. Si, a pesar de los cambios, habría algo en aquellos productos que seguiría contando la misma historia y transmitiendo los mismos valores. Volver a la esencia y sentirme, a la vez, más cómoda que nunca con el trabajo realizado con esa pequeña colección, es lo que me ha llevado a seguir en esa dirección y a plantearme una segunda. Hoy, pienso en lo que me movió a querer aprender a coser y me doy cuenta de cuánto he aprendido desde entonces, y en lo mucho que me queda aún por aprender, también. Día a día, puntada a puntada, crece mi particular idílio con esta forma de crear, dando forma a piezas que nunca pensé que podría llegar a hacer.


Pero si hay algo que estoy aprendiendo este verano, mientras trabajo en los proyectos que pronto verán la luz, es a confiar, colaborar y abrir este proyecto a otros. A personas con las que charlar tranquilamente mientras tomas algo, generosas, atentas, dispuestas a poner su granito de arena y lo mejor de sí mismas. Otro día os hablaré, con la calma que eso merece, de Cristina, una de esas personas que ha traspasado la pantalla y se ha convertido en más que alguien con quien colaborar, en quien confiar con los ojos cerrados.

4 ago 2015

Para seguir adelante


Este verano está siendo un punto de inflexión. Uno más en este escurridizo año.

Al finales de julio, me propuse deshacerme de la pereza de los días cálidos y poder, así, llevar a cabo algunas de esas cosas que durante el año voy acumulando en un cajón en forma de notas con "tareas pendientes" porque en ese momento no tengo tiempo para hacerlas. Todas ellas llevaban muchos meses en mi mente y se están haciendo realidad, con calma y sin prisas, durante estas semanas en las que tengo más tiempo para mí. Quizá suene extraño envolverse en proyectos durante el verano y aún más cuando éstos implican pasar algunas horas encerrada entre cuatro paredes. Aún así, lo cierto es que siento que necesito darles forma y que puedan ver la luz durante los meses más fríos, en el momento adecuado. Se me antoja necesario a la par que reconfortante, trabajar en ellos ahora y no más adelante, como si me hiciesen falta esos ratos a solas para hilarlos y así, poder seguir adelante después, más ligera, más libre...

Por un lado, una segunda colección, que nace como una inevitable continuación de la primera y anterior "A forest of nostalgia", está tomando forma despacio, a fuego lento. Disfrutándola, planeando producir pocas unidades, de forma natural y más espontánea, dejándome llevar delante de la máquina de coser sin demasiadas ideas marcadas y con la mejor ayuda, sin la cual nada sería posible. Al mismo tiempo, también estoy trabajando en un pequeño proyecto gráfico sobre las experiencias y cambios vividos durante este año. Después de ir llenando un cuaderno con todos los pensamientos y recuerdos que me han invadido durante los últimos meses (algunos de ellos compartidos en este diario), necesitaba ponerlo todo en orden para cerrar, de algún modo, un capítulo y reunir, de la forma más sincera, las lecciones de vida aprendidas. Un proyecto personal que estará lleno de recuerdos y mucha nostalgia, pero también de luz y ganas de aire fresco; un proyecto fruto del deseo de renacer, de reconstruirse y de aprender a dejarse llevar...

Además, estos días estoy disfrutando como nunca antes del mundo analógico; atreviéndome, poco a poco, a compartir experiencias con gente que ha traspasado la pantalla y con la que he podido conversar y tomar algo tranquilamente, a pesar de la timidez. Son esas personas que están detrás las que hacen especial todo ésto. Poder compartir intereses, pequeños instantes e incluso, algún proyecto, está siendo muy inspirador.


15 jul 2015


A veces nos olvidamos de que la vida real, esa que va más allá de las pantallas, está formada por dos caras y nosotros, también. A veces uno debe forzarse a ver lo bueno que aún queda, los destellos de luz entre la oscuridad cuando las cosas se tuercen. Puede resultar tentador dejarse abrazar por la nostalgia, remover recuerdos cuando alguien se aleja de nuestro lado e ir perdiendo de vista aquello por lo que vale la pena avanzar, perdiéndonos a nosotros mismos, al fin y al cabo. Pero poco a poco, con el tiempo, hay que sacar fuerzas, de allí donde aún queden, para cerrar las heridas, tomar distancia y entender que todo pasa por alguna razón. Y en esa transición, reconstruirse, dejarse llevar y aceptar la vida tal como viene. Aprender de cada una de las personas que se cruzan en nuestras vidas, dejándolas ir, aceptando que forman parte de un capítulo de nuestras vidas. Después de muchas semanas, estoy de vuelta. Para mirar con nuevos ojos, perder miedos, vivir el momento, disfrutar del camino y poner toda mi energía en nuevos proyectos en los que ya estoy trabajando, que quién sabe donde me llevarán. 

30 may 2015

Mayo


Cada día más, siento la necesidad de escribir. Escribir, para dejar constancia de todo aquello que pasa por mi mente, ordenar lo que pienso, expresar lo que a viva voz no puedo. Siempre lo he hecho, ya os lo contaba en alguna ocasión, pero desde hace unos meses, necesito compartirlo más que nunca, gritarlo al mundo para sentirme un poco más ligera, algo más libre. Como si a través de esas palabras, que salen de forma desordenada, lograse sincerarme conmigo misma y con todo aquél que me rodea al mismo tiempo. Y aunque me cueste creerlo, desde entonces no he dejado de recibir halagos hacia ello. Muchas personas, más y menos cercanas, que se han sentido identificadas con lo que cuento me han escrito animándome a seguir dejando fluir todo aquello que sale de tan adentro. Y así lo he hecho...

Después de ir llenando un cuaderno con todos esos recuerdos que me van persiguiendo, día tras día y de un modo algo caótico, necesito ponerlo todo en orden para poder seguir y viajar hacia adelante sintiéndome más ligera, más libre, más yo. Dejar salir, como mejor sé hacerlo, esa porción de vida que se escapa entre mis dedos en forma de textos. Esta es mi manera de explicar, a través de las palabras, lo que estoy aprendiendo durante este último y escurridizo año. Por eso, de algún modo, no sé aún cómo, me apetece reunirlos todos junto algunas de mis fotografías, dando forma a un proyecto que guarde esos recuerdos y nostalgia, todo ese año de aprendizajes. Algo que nazca del deseo de volver a encontrar un atisbo de luz, de renacer y reconstruirse; que me ayude a cerrar ese capítulo y volver a empezar.

14 may 2015

El lugar que dejaste


A estas alturas, he perdido la cuenta de las veces que me he prometido que no volvería a eso que un día se marchó. Al final lo he vuelto hacer, una y otra vez. Es difícil olvidar algo que se lleva una parte de ti, dejar ir lo que tan bien conocías, inevitable no sentirse un poco menos lleno. Escribir me libera más que nunca y deja salir lo que, a veces, no soporto dentro. Durante meses he seguido aquí escribiéndole mientras se borraba en algún sitio, sin saber porqué no podía dejar de hacerlo. Eso era la 'nostalgia'. Un inmenso y oscuro bosque de nostalgia en el que he estado a punto de perderme. Era el temor de recordar ese día, ese preciso instante, siempre volviendo un poco antes o un poco después en mi memoria.

Lo que muere, lo que acaba, es atemporal; queda suspendido para siempre en una nube de recuerdos que lentamente el viento se llevará. Confío en que con el tiempo, las heridas se cerrarán e irán dejando lo que fue bonito, llevándose el dolor y transformando en enseñanzas todo lo vivido. Hoy vuelvo a creer, hoy vuelvo a crear. No prometo dejar de escribir sobre lo vivido, pues aún guardo mucho dentro de mí. Lo que sí prometo es que no se agotarán las sonrisas, que volverá a haber amor para aquél que lo merezca y que poco a poco, dejaré de encontrarle en todas partes, porque echando de menos uno no vive.



¿Sabes? Aún extraño esos momentos que nunca vivimos, tantos recuerdos que jamás escribimos. Sí, aún te extraño. Extraño nada y todo de ti. Tan poco de eso, que a veces me diste. Extraño una parte de mí, esa que se fue contigo. No te voy a mentir, te extraño, te extraño como a nadie. Pero... de extrañar no se vive. - Fer Dichter.

2 may 2015

Miedo al cambio


A veces no queremos ver. Preferimos no tocar de pies en el suelo, pretender que no nos damos cuenta de que en algún lugar, dentro de nosotros, hay algo que nos intenta advertir. En ocasiones nos empeñamos en que las cosas sean tal y como las habíamos imaginado. Negándonos a ver más allá; sin entender que no siempre sale todo como uno espera, que bien poco en esta vida es para siempre. Esa venda que nos impide ver lo que desde fuera es evidente, que nos oculta todas aquellas señales que avisan de que ese no es nuestro camino. Porque nos creemos aquello de 'mejor malo conocido que bueno por conocer'. Porque aprendemos a conformarnos y no a cambiar. Porque no nos atrevemos a luchar por lo que somos; a conseguir lo que merecemos. Porque nos aferramos a nuestra zona de comfort, sin pensar que lo que hay ahí fuera puede ser mucho mejor que lo que tenemos entre manos en ese momento. Porque tenemos miedo al cambio. Pero a veces, es lo mejor que nos puede pasar, aunque cueste, aunque duela. Al fin y al cabo, la vida es sentir, ya sea dolor o la mayor de las alegrías. Sentir, eso es estar vivo.

10 abr 2015

Perfectly imperfect


Este mundo de las redes sociales es algo extraño. En estos tiempo, tendemos a mostrar sin parar la mejor parte de nuestro día a día; una vida ideal, casi perfecta, llena de planes interesantes. En cambio, cuando algo no tan bueno nos pasa, cuando no llegamos a todo, nada sale como debería o algo nos duele, nos lo callamos, no lo compartimos, no hablamos de ello, porque ese otro lado ya no es tan bonito de mostrar. Me esfuerzo por buscar el lado bueno de cada situación, en lo más cotidiano e incluso en lo menos bueno, y a la vez, me gusta ver a las personas mostrándose reales, honestas, siendo ellas de verdad.

Desde hace unos meses he compartido, sin ser demasiado consciente, más verdades y dosis de realidad de las que en algún momento tuve previsto, y en ocasiones me he llegado a sentido mal por ello. Pero al final, este blog es un reflejo de quién está detrás y eso va mucho más allá de las pinceladas y costuras. Escribir, como os contaba hace unos días, me resulta casi terapéutico; porque me permite parar a ordenar pensamientos o soltar aquello que más pesa. Y si compartiéndolo aquí puedo ayudar, inspirar o hacer reflexionar a alguien, simplemente entretener o hacer que conozcáis un poco más a la persona que está detrás, quizá no esté tan mal dejar salir lo que viene tan de dentro. A veces nos olvidamos de que la vida más allá de las pantallas, la vida real, está formada por ambas caras; y nosotros también.

"Cause you never think that the last time is going to be the last time.
You think there will be more. You think you have forever, but you don't".


Porque nunca pensé que la última vez sería la última vez. Porque siempre creí que habría una más, que había cosas que duraban para siempre, pero no fue así, la mayoría no son así. Y ya pueden pasar cinco meses o dos años, que siento que siempre habrá cosas que serán imposibles de entender. Porque a veces, lo que empieza como una buena historia, con sus buenos momentos y esos que no lo son tanto, se queda a medio escribir. Como un libro que termina con un final mal escrito, acabado deprisa y sin mucho cuidado; para llenar otras páginas, en blanco, con algo más nuevo. Pensé que del mismo modo, también acabaría en poco tiempo el echar de menos lo que se fue sin avisar. Lo pensé, de verdad que sí. Desde fuera se ve todo más claro y el entorno, aquellos que te quieren, te apremia para que vuelvas a sonreír cuánto antes, ya es normal. Y aunque no he dejado de hacerlo y me creo 'que el tiempo todo lo cura', vivo tratando de esquivar sentimientos mientras lucho, en silencio, por reconstruirme, por crear mi propio libro; uno escrito por un solo par de manos, lleno de tantas cosas buenas como sea posible. Y seguir escribiendo, y además poder compartirlo con quienes estáis ahí detrás, es una de ellas.


29 mar 2015

Cartas a ninguna parte


A veces siento la necesidad de escribir. Escribir aquello que pasa por mi mente, ordenar lo que pienso, expresar esos sentimientos que a viva voz no puedo. Suelo hacerlo para mí, pero a veces necesito gritarlo al mundo. No tanto para que me escuche quién tendría que hacerlo, sino porque así me siento un poco más libre. Y quizá, incluso, alguien pueda inspirarse o reflexionar con ello. Me funciona y con el tiempo, aunque al principio me daba miedo, siento que este blog se ha convertido en un lugar donde hacerlo.

Este invierno ha sido especialmente complicado a nivel personal. He aprendido más en los fríos días de estos pasados meses que en los últimos años. Supe que necesitaba ponerlo en orden para poder seguir y viajar hacia adelante más ligera. Hace un par de semanas, envíe una carta. Una carta que viajó llena de todo aquello que en algún momento callé y más tarde necesité escribir, que cargará siempre con todo el peso de lo que guardé durante meses. Una carta que no espera respuesta, una carta a ninguna parte.


Y desde hace unos días, siento que empiezo de nuevo y vislumbro un poco de luz. Me siento mejor y estoy feliz con la acogida de los cambios hechos en este proyecto. Me siento a gusto con el resultado de tanto esfuerzo y ya pienso en lo que saldrá de esto a partir de ahora. Creo que estas sensaciones previas a los días más cálidos serán la semilla de una siguiente pequeña colección. Parece que lo mejor está por llegar y, aunque lentamente, todo está renaciendo. Como si algo en mí floreciera al mismo tiempo que esta primavera, que llega poco a poco pero asegurando un cambio de estación, un nuevo comienzo.


Pd. He escrito alguna vez, sobre las despedidas inesperadas y el miedo a los nuevos comienzos.