Lisboa es un bello equilibrio entre el pasado y el presente. Una ciudad unas veces antigua y otras veces moderna. Perderse por sus ruas, entre lúgubres y mágicas, sin rumbo fijo, a la deriva. Dejarse llevar por sus adoquinadas calles, con su aspecto entre decadente y romántico, fotografiar azulejos y mirar a todos lados. Quedar atrapado por sus fachadas y pórticos tocados por el tiempo. Fijar la vista en sus escaparates, llenos de dulces tradicionales. Entrar a tomar algo en lugares centenarios y descubrir que son los más auténticos. Ir un poco más allá, explorar sus alrededores y darse cuenta que, sin lugar a dudas, tiene una luz especial.
Lisboa, 1 al 5 de septiembre de 2015





















