29 mar. 2015

Cartas a ninguna parte


A veces siento la necesidad de escribir. Escribir aquello que pasa por mi mente, ordenar lo que pienso, expresar esos sentimientos que a viva voz no puedo. Suelo hacerlo para mí, pero a veces necesito gritarlo al mundo. No tanto para que me escuche quién tendría que hacerlo, sino porque así me siento un poco más libre. Y quizá, incluso, alguien pueda inspirarse o reflexionar con ello. Me funciona y con el tiempo, aunque al principio me daba miedo, siento que este blog se ha convertido en un lugar donde hacerlo.

Este invierno ha sido especialmente complicado a nivel personal. He aprendido más en los fríos días de estos pasados meses que en los últimos años. Supe que necesitaba ponerlo en orden para poder seguir y viajar hacia adelante más ligera. Hace un par de semanas, envíe una carta. Una carta que viajó llena de todo aquello que en algún momento callé y más tarde necesité escribir, que cargará siempre con todo el peso de lo que guardé durante meses. Una carta que no espera respuesta, una carta a ninguna parte.


Y desde hace unos días, siento que empiezo de nuevo y vislumbro un poco de luz. Me siento mejor y estoy feliz con la acogida de los cambios hechos en este proyecto. Me siento a gusto con el resultado de tanto esfuerzo y ya pienso en lo que saldrá de esto a partir de ahora. Creo que estas sensaciones previas a los días más cálidos serán la semilla de una siguiente pequeña colección. Parece que lo mejor está por llegar y, aunque lentamente, todo está renaciendo. Como si algo en mí floreciera al mismo tiempo que esta primavera, que llega poco a poco pero asegurando un cambio de estación, un nuevo comienzo.


Pd. He escrito alguna vez, sobre las despedidas inesperadas y el miedo a los nuevos comienzos.


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