15 oct 2015

Nostalgia


El vértigo se apoderá de mí estos días. Con cierta incredulidad, empiezo a entender que éste es el proyecto más íntimo en el que me he embarcado nunca. En el vaivén de estos últimos meses, he ido dando forma a un libro pequeño, personal y autoeditado, pero un libro al fin y al cabo, con todo lo que eso significa. Estoy a punto de dar el último repaso al trabajo de casi un año, preparándolo todo para que en menos de un mes parte de mi cuaderno quede abierto al mundo, a quién sea que quiera leerlo. Como un lugar donde asomarse y sentirse reconfortado; como un paseo a través de doce meses llenos de luces y sombras, ausencias y reencuentros, miedos y memorias. Así, caigo en la cuenta de cuánto hay de mí en cada una de sus páginas. Es mucho más que largos meses de cambios e introspección, más que compartir reflexiones hiladas a solas. Es airear profundidades, destapar sentimientos. Es abrir el alma, es soltar miedos, es empezar de nuevo...


© Fotografía: Grafitogris



2 oct 2015

Octubre


Desde hace días, con una extraña sensación de vértigo y emoción al mismo tiempo, trato de organizar mentalmente todo lo que le pido a este mes de octubre. Son demasiadas las tareas que se agolpan, meses de trabajo y un verano sin apenas descanso, cuerpo y alma puestos en esos dos proyectos. Entre cambios de planes y momentos en los que me cuesta ver con claridad, siento la suerte de tener a alguien al otro lado, que me escucha, entiende y calma. Un cielo gris, en casual sintonía con las letras que repiqueteo en el teclado, me acompaña esta tarde tras la ventana. Me ha costado todo el mes de septiembre planear como se sucederían los hechos, pero una serie de imprevistos harán que no sea hasta bien entrado el mes de noviembre cuando pueda dar luz verde a la pequeña segunda colección, A glimpse of light. No es fácil aceptar un cambio en los tiempos cuando ya estaba casi todo atado, pero quizá, con todo ésto, la vida esté queriendo decirme que sea un poco más flexible, que recupere la calma y que vaya dando rienda suelta a todo lo que está por venir, pero a pequeños sorbos. Así, decido centrarme en Nostalgia, el proyecto más personal, y dedicarle estos primeros días antes que llegue el verdadero otoño, para que pueda ver la luz dentro de unas semanas, en un día que ya he marcado en el calendario, en una fecha que no es porque sí... 



© Fotografía: Grafitogris


24 sept 2015

Cuaderno de nostalgia


"Write hard and clear about what hurts"

 Ernest Hemingway
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Hay frases que consiguen tocarnos por dentro, hacer que nuestro mundo se pare por un momento y nos demos cuenta de aquello que no habíamos sabido ver hasta entonces. Para mí, en estos últimos meses, ésta ha sido una de ellas. Al leerla por primera vez, por puro azar, lo vi claro. Aquello que llevaba tantos meses planeando mentalmente pero con miedo, y a lo que mamá me alentaba con tanta insistencia como cariño, tenía que tomar forma de algún modo, tarde o temprano. A veces las palabras significan tanto que nos llevan a algo que jamás habríamos imaginado y eso es lo que, entre hojas y libros, llevo meses hilando.

Hace alrededor de un año, mi vida cambió. Un hecho de aquellos que nunca esperas me sumergió en un caos de sentimientos que aún trato de ordenar y provocó un gran punto de inflexión. Eso mismo, me ha colocado en un estado de transición que me ha llevado a redescubrirme, a rehacerme de nuevo en los lugares rotos y a conocerme más. Cada vez estoy más segura de que todo es cíclico, que de algún modo todo pasa por alguna razón, que siempre hay una oportunidad para volver empezar. Los cambios vividos en el vaivén de estos últimos meses me han roto por dentro y al mismo tiempo, me han hecho saberme más fuerte de lo que nunca pensé que podía ser. Quizá, cada final sea también un nuevo comienzo...

Después de escribir en mi cuaderno durante meses, sentí que necesitaba ponerlo todo en orden, gritarlo al mundo, dejarlo salir dando forma a lo que espero que pronto se convierta en un pequeño libro, una historia sobre finales y comienzos, una publicación personal, llena de luces y sombras. El pasado domingo, después de semanas hablando sobre ello, con la ilusión de estar dando uno de los últimos pasos y con muchos nervios, me encontré con Cris Romagosa en su mágico refugio. Desde el principio, supe que sólo podía ser ella quién hiciese las fotografías que acompañaran a las reflexiones que he ido escribiendo durante este último año. En unos meses, si todo va bien, aquello a lo que mamá tanto me animaba, será una realidad. 


© Fotografía: Grafitogris



18 sept 2015


Días atrás os hablaba sobre esas lecciones que aprendí durante mi corta pero intensa estancia en la Garrotxa con Cristina, mientras realizábamos las fotografías de una pequeña segunda colección que ha ido tomando forma este verano. Fueron días llenos de aventuras, anécdotas e imprevistos, pero aún me guardaba una de las historias más especiales por contar... En nuestro segundo día juntas, de buena mañana, decidimos perdernos por los caminos y carreteras de la zona en busca de una localización que se ajustara a lo que andábamos buscando. No teníamos nada planificado, salíamos a la aventura y sin saber cómo, llegamos a La Pinya. Recordamos que cerca había una casa de turismo rural con mucho encanto. De hecho, Cristina la había visitado unos meses antes, acompañada de una amiga, y me había hablado de ella, de lo bonitos que eran sus rincones y del juego que intuía que podrían dar tras el objetivo. Y así, nos dejamos llevar y nos presentamos allí de forma improvisada; pensando que tal vez nos dejarían hacer alguna fotografía...

Con tono familiar y una sonrisa amable, nos abrieron las puertas y nos invitaron a pasar para tomar todas las fotografías que necesitáramos. Nos sentíamos tan agusto, tan a nuestro aire que, sin darnos cuenta, se hicieron las tres de la tarde y aún seguíamos allí. Sin apenas preguntar y no aceptando un 'no' por respuesta, nos sorprendieron invitándonos a comer, a unirnos a la mesa con el resto de la família. Aún seguimos sorprendidas por tanta generosidad y confianza, quizá porque estas cosas en las grandes ciudades no pasan. Fue una lección de hospitalidad, una anécdota más para recordar, una de las cosas que hacen más especial, si cabe, esa serie de fotografías que realizamos juntas por primera vez.  ― Gràcies per tot, Inés. 



Casa Rural Mas Garganta
(Crta. d'Olot a la Pinya, 17179 La Pinya, Girona)