12 mar. 2015

El proceso artesanal

Mientras trasteaba en su siempre caótico taller, me iba contando cosas sobre lo que hacía, aunque bien sabía que una niña a esa edad no las llegaría a entender. Disfrutaba hablando de esa profesión convertida en pasión y si te despistabas por un sólo segundo, le descubrías con un trozo de papel y un bolígrafo o pluma, dispuesto a ilustrar, con asombrosa facilidad, aquello que en ese momento te contaba. En sus manos siempre secas y ennegrecizas, curtidas por el paso del tiempo y la dureza de ser usadas como herramienta de trabajo durante años, uno podía sentir como vivía cada paso de ese proceso artesanal.

Hace unos días que pienso en él, en ello. Me pregunto si quizá también sabía todo lo que estaba transmitiéndole a esa nieta que se sentaba, siempre que tenía la oportunidad, cerca de su espacio para verle trabajar. El gusto por el dibujo, una mente inquieta que no deja de maquinar ideas que en un primer momento parecen impensables, esa necesidad de no dejar de hacer cosas con las propias manos, valorar aquello que tiene detrás una fabricación artesanal o querer hacerlo todo uno mismo, formando parte de todo el proceso, son sólo algunas de las muchas cosas que, sabiéndolo o no, él me enseñó.

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