16 dic. 2014

La vida es extraña

Y nosotros también. Recuerdo ese momento como si fuese ayer. Tras toda una tarde de prácticas en el hospital, llegaba a casa agotaba, como de costumbre desde hacía unos cuantos lunes. Hay noticias que nos cogen por sorpresa, palabras que nos dejan helados al oírlas y que cuestan demasiado de creer, de asimilar. Olas que te arrastran sin que nadie te enseñe a nadar, hechos que llegan para remover un mar que parecía en calma, dándole la vuelta a todo lo que tenías hasta entonces. Esta vida es extraña y a veces, nos depara vivencias muy injustas. Soy de esas personas que se quedan con las fechas que marcan cambios o momentos importantes. Aquella noche pasó algo que nunca imaginé, una de esas noticias que no esperé oír jamás y menos en un día como aquel. Un mes después, diciembre está aquí.

De repente, ese momento que llevaba tanto tiempo esperando porque debía traer grandes cosas consigo, desaparece, no llega, como si no tuviese que haber existido jamás. Diciembre, el mes de echar la vista atrás y parar a pensar en todo lo sucedido, se convierte en puro trámite. Treinta y un días que ojalá pasen lo más rápido posible para dar pie a una nueva vida, a una nueva oportunidad de ser feliz. El último mes del año, de un año que no tenía que porqué acabar así, que no tenía que... pero así es.

Hoy, ya sólo quedan dos opciones: dejar que todo eso venza o enfrentarse al pasado con resignación y mucha fuerza. Pensando en todo lo positivo que aún queda, en las personas que aún siguen a mi lado, acompañándome en momentos difíciles y tratando de entender como me siento... me quedo con la segunda. Por ellos, por mí. Para transformar la rabia en energía y el dolor en razones para seguir aprendiendo, creciendo y disfrutando de esta locura agridulce a la que llamamos vida. Aunque cueste.

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